Improvisación musical y libre albedrío: ¿elegimos realmente cada nota?
Uno de los debates más antiguos de la filosofía es el del libre albedrío. ¿Somos realmente libres para decidir nuestras acciones o nuestras decisiones están determinadas por procesos que ocurren fuera de nuestra conciencia?
La pregunta parece lejana a la práctica musical, pero tal vez uno de los mejores laboratorios para pensarla sea precisamente la improvisación.
Cuando un guitarrista improvisa, suele experimentar una fuerte sensación de libertad. Las notas parecen surgir espontáneamente. Cada frase parece una elección realizada en el instante. Sin embargo, la neurociencia y la experiencia musical sugieren que la realidad puede ser más compleja.
El neurólogo Benjamin Libet realizó experimentos que mostraron que ciertas señales cerebrales aparecen fracciones de segundo antes de que una persona sea consciente de haber tomado una decisión simple, como mover una mano. Estos estudios generaron una enorme discusión sobre el libre albedrío y continúan siendo objeto de debate.
En una conversación entre Álvaro Pascual-Leone y Mariano Sigman, surgió nuevamente esta cuestión. Ante la pregunta de un jurista sobre el libre albedrío, Sigman planteó una reflexión interesante: tal vez nadie pueda demostrar definitivamente si existe o no, pero sí podemos vivir como si existiera. Pascual-Leone manifestó estar de acuerdo con esta idea.
La improvisación musical parece situarse justamente en esa frontera.
Por un lado, ninguna improvisación surge de la nada. Detrás de cada frase hay miles de horas de práctica. Hay escalas, arpegios, recursos técnicos, patrones rítmicos y hábitos motores almacenados en el sistema nervioso. Cuando un guitarrista toca una frase rápida sobre una progresión armónica, gran parte de los mecanismos que la producen ya fueron entrenados previamente.
En ese sentido, podría decirse que la improvisación está condicionada por la historia personal del músico.
Pero, por otro lado, la improvisación nunca es una simple repetición mecánica.
Muchos músicos hemos vivido la experiencia de esperar una frase determinada en un solo en vivo y encontrarnos con algo completamente distinto. Quien haya escuchado varias versiones de una misma obra sabe que los grandes improvisadores rara vez tocan exactamente igual dos veces.
Recuerdo, por ejemplo, asistir a un concierto de Ritchie Blackmore y sorprenderme porque una frase que siempre me había parecido brillante, y que esperaba escuchar con gran expectativa, no apareció. En ese momento fue ejecutada por el teclado. La situación me llamó la atención porque yo estaba esperando precisamente ese pasaje.
Con el tiempo, sin embargo, comencé a pensar que probablemente no se trataba de una improvisación espontánea ni de una decisión tomada en ese instante, sino de algo previamente acordado dentro del arreglo del concierto. Aun así, la experiencia me resultó interesante porque Blackmore siempre se caracterizó por introducir variantes en sus interpretaciones y rara vez reproducía un solo exactamente de la misma manera.
Algo similar me ocurrió con Yngwie Malmsteen. Existe una versión en vivo de Forever One, registrada en Budokan en 1994, cuyo solo siempre me pareció especialmente inspirador. Después de la introducción con guitarra clásica, Malmsteen desarrolla una serie de frases en guitarra eléctrica que, al menos para mí, constituyen uno de los momentos más expresivos de esa interpretación.
Cuando tuve la oportunidad de verlo por primera vez en Argentina en 1996, esperaba escuchar ese mismo solo. Sin embargo, no lo ejecutó de la misma manera. La estructura general del tema permanecía intacta, pero las frases eran diferentes.
Esto resulta especialmente llamativo porque Malmsteen posee numerosos pasajes que suelen mantenerse bastante estables de una interpretación a otra. Secuencias de arpegios y fragmentos característicos de temas como Rising Force o Seventh Sign forman parte de su lenguaje musical y suelen conservar una identidad reconocible. Sin embargo, en secciones más abiertas y melódicas, donde existe un mayor margen para la expresión del momento, aparecen variaciones que hacen que cada interpretación sea única.
¿Qué ocurrió allí?
Si todo estuviera completamente predeterminado, cabría esperar una repetición exacta. Sin embargo, el músico parece explorar posibilidades dentro de un marco determinado.
La improvisación no parece ser libertad absoluta ni determinación absoluta. Más bien se asemeja a una conversación entre nuestra historia y el momento presente. Cada frase surge de años de entrenamiento, pero también de circunstancias irrepetibles que existen únicamente en ese instante.
Tal vez la mejor metáfora sea la de un idioma.
Cuando hablamos, no inventamos palabras nuevas a cada instante. Utilizamos vocabulario, reglas gramaticales y expresiones aprendidas durante años. Sin embargo, podemos construir frases inéditas que jamás habíamos pronunciado antes.
La improvisación musical funciona de manera similar.
El guitarrista dispone de un lenguaje previamente adquirido, pero dentro de ese lenguaje puede combinar elementos de formas nuevas. No improvisa desde el vacío, pero tampoco se limita a reproducir un guion fijo.
Desde la neurociencia moderna, la creatividad suele entenderse como una interacción entre procesos automáticos y procesos conscientes. El cerebro genera constantemente posibilidades basadas en experiencias previas, mientras que sistemas de atención y evaluación seleccionan, modifican o descartan algunas de ellas.
Quizás el libre albedrío musical no consista en crear desde cero, sino en la capacidad de intervenir sobre tendencias ya existentes.
Cuando improvisamos, no elegimos nuestras influencias, nuestro entrenamiento ni nuestra historia musical. Todo eso ya está presente. Sin embargo, existe un espacio donde podemos aceptar, modificar o transformar lo que surge.
Tal vez nunca podamos responder definitivamente cuánto hay de determinación y cuánto de libertad en una improvisación.
Pero cada vez que un músico toma una guitarra y crea una frase irrepetible frente a una audiencia, la pregunta vuelve a aparecer.
¿Esa frase estaba completamente escrita en algún lugar de nuestro cerebro antes de que sonara?
¿O fue el resultado de una auténtica elección creativa?
Quizás, como sugería Mariano Sigman, nunca lleguemos a saberlo con certeza.
Mientras tanto, seguiremos improvisando como si fuéramos libres.
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